sábado, 6 de agosto de 2016

Cuando comenzaba a anochecer Catalina se acercaba hasta los alrededores de la iglesia de San Andrés y comenzaba a dejar ochavos o monedas por las esquinas de la iglesia, y cuando ya había oscurecido con el agua bendita que robaba hacía un círculo y se introducía en él, a continuación lo rodeaba de velas negras y repetía varias oraciones a Santa Marta.

A continuación comenzaban a acercarse hasta el círculo iluminado a veces lobos, otras cerdos o incluso perros que portaban en sus babeantes bocas la moneda, el pago a su información.

Las bestias no podían atravesar el círculo de agua bendita y se dejaban interrogar por la bruja, que se sentía protegida por aquel cerco santificado. Cuando había arrebatado la información que necesitaba se despedía de las bestias infernales rezando nuevamente a Santa Marta

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