domingo, 1 de noviembre de 2015

Honrando a los Ancestros en Ásatrú

En muchas culturas tradicionales, generalmente se cree que los vivos tienen ciertas obligaciones con los muertos. Si estas obligaciones se cumplen adecuadamente y con respeto, los ancestros harán caer sobre la familia suerte, riqueza, bendiciones, y abundancia, y serán poderosos aliados del mundo invisible. Si esas obligaciones son desatendidas, la vida entera de la familia sufrirá.

Uno de los aspectos más dolorosos que trajo la propagación del cristianismo fue  la ruptura de los lazos ancestrales, la negligencia, y a veces, el vilipendio de tales prácticas. Nos apoyamos en los hombros de nuestros muertos; su lucha, sus esperanzas, sacrificios, e incluso sus errores han contribuido a la calidad de nuestras propias vidas y a quienes somos hoy. No necesitamos conocer sus nombres para honrarlos. Los muertos no importa lo lejanos que sean en la línea familiar, los Álfar (ancestros masculinos) y las Dísir (ancestros femeninos) mantienen un interés en su línea familiar.

La veneración ancestral es una práctica instintiva que incluso 2000 años de cristianismo no han logrado borrar. Visitamos sus tumbas, ponemos fotos suyas, llamamos a los niños como a los parientes fallecidos, y contamos sus historias. Aquellos que han regresado a la práctica de las religiones indígenas, como la Santería, Lukumi, Espiritualidad Nativo americana, y Heathenry, dan un paso más al honrar a sus muertos. Alimentamos a nuestros muertos, les hacemos grandes fiestas; hablamos con ellos, incluyéndolos en las grandes decisiones de la familia, pedimos su sabiduría y fuerza en tiempos de problemas, y nos comunicamos con ellos frecuentemente, haciendo caso de su consejo. Permanecen como miembros vitales y activos de la familia.

No hace falta que sean parientes de sangre para honrarlos como ancestros. Hay conexiones de espíritu que son igualmente poderosas (a veces más potentes) que aquellos de sangre.

Ninguno de nosotros viene a este mundo solo; venimos con una línea de ancestros, antepasados que se remontan a incontables generaciones. Si podemos hacer algo más que reclamar nuestras tradiciones sagradas, comunidades autónomas, podemos honrar a nuestros progenitores. Una vida dedicada a la atención consciente de esta sagrada conexión es una vida bien vivida. Decir sus nombres, contar sus historias. Investigar sus culturas. Aprender sus lenguajes. Investigar nuestra propia genealogía. Visitar tumbas. Poner un altar con nuestros muertos. Llevarles regalos. Darles tu atención como un continuo acto devocional.

Abriendo la puerta a nuestros honrados muertos, estarás abriendo la puerta a una reserva de apoyo, conocimiento y poder personal inimaginable para aquellos que viven con sus ojos puestos en un mundo solo para vivos. Esto restaura lo sagrado de la muerte. Restaura lo sagrado de nuestras comunidades. Nutre nuestros espíritus. Incluso más que cuando honramos a los dioses, la veneración de nuestros ancestros es un pilar fundamental de la práctica Heathen.

Ritual para honrar a los Ancestros

Empieza por poner un altar. No hace falta que sea elaborado, pero debería estar separado del altar devocional. Crear un altar ancestral es un acto de hospitalidad. Estás invitando a tus ancestros no solo a tu casa, sino a tu vida. Poniendo agua, les proporcionas un refrigerio, como harías con cualquier invitado.

Una vez que decidas donde pondrás tu altar, comienza por consagrar el espacio de la manera que sea común en tu tradición espiritual. Ofrece incienso y una plegaria a la Diosa del Inframundo (Hela), pídele que te ayude a facilitar la comunicación en tu nuevo objetivo. La plegaria, como la acción de crear un altar, debe venir del corazón. Cuando sientas su presencia fuertemente, empieza a construir tu altar, verbaliza en voz alta la razón por la que incluyes cada objeto.

Cualquier cosa que pongas en un altar ancestral debe recordarte su sagrada conexión: fotos de muertos, objetos de la cultura en la que vivieron tus ancestros, un árbol genealógico, flores, incienso, símbolos elementales, objetos que pertenecían a tus difuntos. Deben incluirse los ancestros espirituales y los héroes.

Cuando tu altar esté construido, pasa tanto tiempo como quieras meditando frente a él. Cuando te sientas listo, llama a tus ancestros. Si conoces sus nombres, llámalos por su nombre, dales la bienvenida a tu vida, y explícales lo que estás haciendo y porqué. No importa que dios o diosa adoraban, lo que importa es reconectar con la familia y la fuente de su fuerza. Pídeles que sean parte de tu vida de nuevo, y diles que les honrarás regularmente. Si uno de tus muertos abusó de ti, no hace falta que lo honres. Es importante honrar a aquellos que quieres en tu vida. Si no sabes los nombres, no importa, llama a los ancestros de tu línea materna y de tu línea paterna.

Cuando hallas hablado con ellos un tiempo, ofréceles comida y bebida: arroz, pan, cerveza, vino, café, dulces, incluso cenas enteras. En los cumpleaños o aniversarios de la defunción, y especialmente en los días de fiesta, o si has recibido su ayuda de una manera muy especial,  ofréceles comidas más elaboradas. Se puede ofrecer agua y zumo en vez de vino y cerveza. La comida se deja unas pocas horas y después se tira. Tabaco, flores y incienso también son ofrendas apropiadas, de hecho puedes ofrecerles cualquier cosa que sientas que les gustará. Habla con tus ancestros, cuéntales sobre ti, tus sueños, tus metas. Qué te gustaría que fueran parte de tu vida ahora. Invítales a comunicarse contigo, e indícales tu compromiso de llegar a conocerlos.

Una vez que sientas que has dicho todo lo que deseabas decir, haz tus ofrendas. Agradéceles por su presencia y por estar en tu vida. Agradece a la diosa a la que pediste ayuda inicialmente y termina el ritual. Si te es posible hacerlo, enciende una vela y ponla en el altar, permitiendo que se consuma. Pon atención a tus sueños en las primeras noches después de tus ofrendas. Los muertos parecen preferir comunicarse en sueños.

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