domingo, 12 de julio de 2015

La imaginación es la realidad: Patrick Harpur


Tengo 55 años, nací en Windsor y vivo en Dorchester (Gran Bretaña). Me licencié en Literatura Clásica en Cambridge, viajé por África y hoy me dedico a escribir. No estoy casado. No tengo hijos. ¿Política? No me interesa… ¿Dios? Soy cristiano y pagano a la vez, como los alquimistas. El racionalismo marginó la imaginación, pero rebrotará- ¿Es usted alquimista?
– Comparto su actitud.
– ¿Busca oro?
– Era un oro tan material como espiritual. Los alquimistas eran como científicos, pero exploraban lo material y lo espiritual a la vez, sin ver conflicto en ello. El conflicto llegó más tarde.
– ¿Cuándo?
– Hace poco: en el siglo XVII, con el racionalismo cartesiano, que nos separó del mundo. Es nuestra tragedia: ¡perdimos el alma!
– No entiendo.
– Desde la antigüedad, el mundo estaba animado. Sentíamos que el mundo expresaba el alma del mundo, el anima mundi.
– ¿La naturaleza era sobrenatural?
– “Todo está lleno de dioses” (Heráclito): todo era a la vez físico y psíquico. Y tu alma participaba del alma del mundo, estabas conectado. ¡El mundo no nos era ajeno!
– ¿Y el racionalismo se cargó eso? ¿Cómo?
– Al distinguir Descartes entre el hombre (res cogitans)y el resto del mundo (res extensa)nos separó del mundo: había ya un sujeto pensante y un objeto… inanimado. ¡Y aquí estamos, buscando el alma…!
– ¿También los cristianos?
– Los cristianos ya habían separado su cuerpo de su alma, ya habían separado este mundo del otro mundo (su cielo/ infierno). El alma del cristiano sólo puede acceder al otro mundo al morir el cuerpo. ¡Es lástima!
– ¿Y no era así antes del cristianismo?
– No, pues el pensamiento tradicional jamás hizo tal distinción: el hombre podía ir y venir de este mundo al otro mundo, entrar y salir asiduamente. El otro mundo nos envolvía, ¡no necesitabas morirte para visitarlo!
– Era más divertido, ya veo.
– Y para los protestantes es aún peor que para los católicos, que con la Virgen y los santos conservaron canales con el otro mundo…
– Nos divorciamos menos del politeísmo…
– ¡Eso es! El catolicismo retuvo más vestigios del paganismo: ¡es mejor para el alma!
– ¿Y cómo era ser pagano?, ¿cómo éramos antes del cristianismo?
– Éramos seres daimónicos.
– Suena a demonios.
– Los daimon,para los filósofos herméticos, eran seres que iban y venían de este mundo al otro mundo, seres a la vez materiales y espirituales, a la vez benéficos y maléficos… ¡Nos mantenían con un pie en cada lado!
– ¿Y ya no somos daimónicos?
– Nos lo negamos, pero lo somos. ¿No somos ambiguos, fluctuantes, maléficos y benéficos, espirituales y materiales a la vez? Los poetas y artistas son daimónicos por excelencia: se conectan al anima mundi,en griego psiché tou kosmou,psique del cosmos.
– Alma y psique, términos sinónimos…
– Y, a su vez, podemos usar otro término que significa lo mismo: imaginación.
– Que hoy nos sugiere algo engañoso…
– Desde el racionalismo, empeñado en negar toda actividad mental no racional… Felizmente, una cadena de filósofos a lo largo de la historia mantuvo vivo ese fuego secreto…
– ¿Qué fuego secreto?
– ¡El de la imaginación!
– ¿Y qué es la imaginación?
– La capa más honda de la psique, esa capa psíquica en la que todos participamos y de la que brotan todos los mitos, todos los arquetipos… De la que todo procede: ¡la imaginación es la realidad, más real que lo que nuestro ego racional suele llamar realidad!
– ¿Y qué filósofos forman esa cadena?
– Gnósticos, neoplatónicos, alquimistas, renacentistas y románticos. Todos ellos anhelan conocer la realidad, el alma del mundo, no escindir mundo y psique. “¡La imaginación es la naturaleza!”, dijo Goethe.
– ¡Eso es como decir que usted y yo somos imaginación!
– ¡Somos imaginación!
– Cíteme a siete filósofos de esa cadena.
– Platón, Plotino, Ficino, Shakespeare, Blake, Yeats y Jung, que dijo: “La psique es el mundo”. Jung reformuló el otro mundo como inconsciente colectivo… La psicología es la mitología de la modernidad, y la mitología era la psicología de la antigüedad.
– Y los científicos ¿acaso no anhelan también conocer el mundo?
– Hija de la razón, la ciencia expulsa lo daimónico, lo metafórico, y empobrece el mundo al quedarse sólo con lo literal. ¡Ah, pero los dáimones se vengan y se cuelan…!
– ¿A qué se refiere?
– Cuando un físico cuántico describe hoy las características del reino subatómico, habla de partículas a la vez materiales e inmateriales, que están y no están, pequeñas, evasivas, cambiantes, con distorsiones de espacio y tiempo, inciertas…: ¡genuinos dáimones!
– ¡Han vuelto! ¿Han vuelto?
– También los genetistas hablan de genes en los mismos términos en que los filósofos herméticos hablaban de dáimones… Y los astrónomos hablan de agujeros negros, materia oscura (¡el 90% de la materia del universo es oscura!:como nuestro inconsciente con respecto al consciente, ja, ja…), quásares, multiversos,singularidades…,realidades con propiedades del todo daimónicas.
– Lo daimónico aflora justamente donde no se le espera, por lo que veo…
– Sí, incluso en el evolucionismo darwinista, que imagina fósiles que prueben los eslabones perdidos…, ¡pero no aparecen!: ¿no son esos eslabones auténticos dáimones en que creen los científicos evolucionistas…?
– Nome dirá ahora que la teoría evolucionista es también un mito…
– Es la exacta inversión del mito creacionista: si el uno sostiene que descendemos de la divinidad, el otro sugiere que ascendemos hacia la divinidad.

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