domingo, 11 de mayo de 2014


En los días antes que el Pueblo hollase el mundo, habitaban sobre la Tierra los Espíritus de los Elementos. Y con ellos, los espíritus de los árboles y de las praderas, de los arroyos, las piedras y las montañas.


Sin embargo, antes que todo esto hubiese devenido, no Había nada sino la Obscuridad. Dentro de esta Obscuridad habitaba la Niebla, quien permanecía meditando en la soledad. Y la mano derecha de la Niebla sostenía el Deseo de Creación, y la mano izquierda sostenía la Fuente de Creación. Y la Niebla tendió ambas manos hacia la interminable Obscuridad, pronunciando los Nombres Divinos sobre la Obscuridad; y así nacieron los Grandes, Tagni y Uni, nacidos del aliento de la Niebla.


La Diosa se desplazó entonces a través de la noche y Su aroma despertó la Pasión del Dios. Y Él extendió Su mano y la atrajo hacia sí. Tal era Su amor por la Diosa que tomó Su Divino Caramillo de siete tallos y sopló para ella una melodía. Y los Mundos se formaron sobre cada nota por Él producida.


Ellos se amaron y fueron Uno bajo las estrellas sagradas. Y de Su unión, una bruma de plata y oro apareció, portando Vida a los cuatro vientos.


Juntos, entonces, formaron la Tierra.

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