sábado, 1 de febrero de 2014

Rän, Señora de los mares del norte,







Ran, la esposa de Aegir, aparece como una mujer de aspecto delicado con la piel azul-verde. Su largo cabello negro se arrastra en el suelo detrás de ella cuando ella camina por el salón de Aegir.

En la mitología escandinava, Ran es una diosa marina que pesca a los ahogados con su red y se los lleva a su morada, en contraposición al Valhalla y al Niflheim. De modo que utilizaba su red para capturar a los incautos marineros desde las cubiertas de los barcos y arrastrarlos hasta el fondo del mar. Ella los entretenía en sus cuevas de coral, que estaban iluminadas por los destellos del oro y donde corría la ambrosía con tanta abundancia como en el Valhalla.
Ella tiene nueve hijas con su esposo Ægir. Posiblemente estas sean las madres de Heimdall.
En la poesía mitológica apenas aparece, pero está escrito que ahogarse es más o menos lo mismo que caer en las redes de Ran. Ella es la soberana del reino de aquellos que murieron ahogados y residen junto a ella en el fondo del mar. Su arma es la red, con la que arrastra  a los hombres hasta su muerte

Mientras que Ægir, su esposo, representa los aspectos más agradables del mar, ella es su lado más oscuro y desvastador.
Se desconoce la etimología de la palabra Ran, pero probablemente tenga una influencia de la palabra homónima para robo o pillaje, por lo cual Ran vendría a ser ladrona. También es posible una influencia de la palabra celta roean, formado por gran (ro) y fluir o verter (ean), por lo que Ran sería la marea alta.

Una creencia popular citada en una de las sagas islandesas es que si la gente ahogada aparecian en sus propias fiestas funerarias,  era una señal de que Ran les había dado una buena bienvenida .
Se dice que esta diosa tiene una gran afición al oro, por lo que si habia peligro en el mar, el capitán daba a los marineros monedas de oro, para que en caso de que se ahogaran, ofrecieran estas monedas a Ran a cambio de un buen trato en su morada.

 Invocacion (esta invocación es de Raven Kaldera)
Salve, Señora de los mares del norte,
Cuyo cabello se encuentra en toda la maleza que agita
En todas las aguas litorales.
Dios te salve, esposa de Aegir, madre de las Nueve,
Diosa de las aguas saladas,
Madre de plancton, madre de barracudas,
Madre de grandes y ramificados arrecifes de coral,
Madre de rapes y anémonas.
Salve, Señora, que nos desafías a ver
Que la naturaleza no está bajo nuestro control,
Que somos sólo una pequeña parte del mundo,
Y por eso no hay que ser demasiado arrogante,
Que somos de carne y la carne se puede ahogar.
Salve, Señora de la generosidad de la mar
Y de la destructividad fría del océano,
 que podamos llegar a apreciar tu reino
Antes de tomarnos a nosotros para siempre.




 Poema de Rudiyard Kipling."Canción de arpas para las mujeres danesas"
"¿En qué queda una mujer si la abandonas,
y el fuego del hogar, la tierra de la familia,
para seguir al viejo y gris Hacedor de Viudas?

No tiene casa en la que alojar un huésped:
una cama fría sólo en la que todos descansan,
en la que soles pálidos anidan, y montañas perdidas.

No tiene blancos brazos fuertes con que envolverte,
sino algas -diez dedos- que te sostienen-
fuera, en las rocas, donde te ha empujado la marea.

Sin embargo, cuando aparecen los signos del verano,
y se rompe el hielo y las yemas de los abedules brotan,
más cada año, te alejas de nuestro lado, y enfermas...

Otra vez enfermas con los gritos y las matanzas,
te alejas sigilosamente hacia las aguas procelosas,
y hacia tu barco miras en sus cuarteles de invierno.

Olvidas nuestra alegría, y las tertulias junto a la mesa,
las plantas en el cobertizo y el caballo en los establos-
para embrear sus flancos y revisar sus riendas.

Navegas así hacia donde abunden nubes de tormenta,
el sonido de los remos contra el agua
es todo lo que queda, tras estos meses, para seguirte.

¡Ah! ¿En qué queda una mujer si la abandonas,
y el fuego del hogar, la tierra de la familia,
para seguir al viejo y gris Hacedor de Viudas?"


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