domingo, 20 de octubre de 2013

el rey de los mares del norte Aegir.



Siempre he tenido una fuerte conexión con el mar.  Cuando era pequeña soñaba despierta que toda la ciudad se sumergía bajo el agua y yo era feliz buceando. Me deleitaba en sentirme bajo el agua, y podía estar horas bajo esa ensoñación. Era una obsesión para mí. Tal conexión sentía con el mar, que cuando el verano acababa y sabía que no podría sumergirme en el océano lloraba desconsoladamente.Aún asi esperaba con ansia el verano siguiente. Reconozco que era obsesivo, pero no podía ni quería evitar esa atracción que ejercía el líquido elemento sobre mí. Si un genio se hubiera aparecido ante mí y me hubiese concedido un deseo, hubiera pedido  que mi cuerpo pudiera vivir bajo el agua
Cuando tenía  nueve años, nos mudamos a una casa justo al lado de la playa. El ruido de las olas y el influjo de las mareas acunaban mis sueños desde que era una niña, y eso me ayudo a no sentir tanta pena al acabar el verano ya que dia a dia, minuto a minuto podia escuchar y ver el mar.
Desafortunádamente a los diecisiete años tuve un accidente en el mar, del que salí viva milagrosamente. El trauma que viví en el mar hizo que tuviera cierta amnesia, y parte de la experiencia vivida se borró de mi mente como si una extraña niebla se hubiera adentrado en ella. A partir de ese dia, sigo amando el mar, pero le temo.No puedo pasar sin él, ni vivir lejos del mar, ni pasar el verano sin  sumergirme en él, pero siempre me invade un miedo profundo a que algo venga desde la profundidad, así que no me alejo mucho, me siento en la orilla, nado, pero no me adentro mucho. Mi miedo no tiene cara, no sé que temo que venga a por mi, es sólo un miedo inconsciente que no puedo dominar. Ese miedo por supuesto tiene que ver con mi accidente, pero con las partes que no puedo recordar de él.
En fín, que he comenzado esta entrada hablando de mi experiencia con el mar, sólo para acercarme a la figura del Dios Aegir.

Aegir, es  un dios feroz del mar. Tenía dedos como garras. Su esposa se llamaba Ran, con la cuál tenía nueve hijas, que se decía eran las doncellas que movían las olas. Aegir aparecía en la superficie del mar para destruir los barcos, o con su esposa atrapar a los marineros con las redes para llevarlos a su reino submarino.
Los capitanes le daban monedas a cada marinero, ya que si eran capturados podían tener un regalo para los dioses. Se creía que si el espíritu del marinero estaba presente en el funeral, Ran les había dado la bienvenida. Allí se decía que tenían un banquete con Aegir y Ran. Los piratas de Saxón les ofrecían sacrificios ahogando al décimo prisionero para ellos tener un regreso seguro a casa.
Se le conocía por sus fiestas bajo el mar y sus cualidades como cervecero. Y se creía que Aegir podría emerger en cualquier momento y llevarse los barcos y sus hombres a su palacio en el fondo de los mares.
Es el rey de los mares en la mitología nórdica. Es una personificación del poder del océano.
Se le llama también el cervecero, porque la espuma blanca del mar embravecido recuerda a la espuma producida en la fabricación de cerveza. No obstante, parece que Ægir es un dios de buen carácter, y que son Rán y sus hijas las que causan la mayoría de los desastres oceánicos.
 Aegir domina casi todos los océanos en los nueve mundos, y  puede cruzar a nuestro mundo en un océano, aunque él y su familia prefieren las aguas frías del norte
 El nombre original de Aegir parece haber sido Köhler, que los eruditos traducen como "shelterer" o "corrector", y fue el tercer y más joven hijo de un antiguo gigante llamado Fornjotr
Aegir se muestra generalmente como  de mediana edad, con la piel verde azulada y el cabello y las barbas verdes, y una corona de algas. Su arma es una lanza.
A él le gusta roba objetos físico tanto como a su esposa robar almas. Las Ofrendas pueden consistir en pan y piedras pulidas. Si no vives cerca al mar, puedes acercarte a él llenando un recipiente con agua salada y echando las ofrendas en el.
Aegir es el señor de las vastas profundidades, puedes hacer un ritual, en el que debes subir a un barco e ir lejos, no tan cerca de la costa. Lleva pan y ve lanzandolo desde la costa hasta lo lejos que vayamos en el barco. Ese pan le sirve  a Aegir para alimentar a sus criaturas, incluidas las almas de los ahogados. lanzar pan y mandar energia curativa al oceano, es un ritual magnífico para que Aegir nos proteja en nuestros viajes marítimos.

Hail Aegir!!



Sobre las olas embravecidas
En las montañas cubiertas de nieve
Los espíritus del norte despiertan
Para coronar a mi rey


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