domingo, 7 de abril de 2013

Shiva.




 ¡Shiva no hace nada! Él es siempre el mismo, quieto, perenne y siempre benevolente. Quien se mueve, quien “tiembla”, es lo que llamamos MENTE que, en las tradiciones del yoga, de la vedanta y del tantra, está compuesta por el Ego, Buddhi (mente sutil), Chitta (memorias) y Manas (mente densa).

Siendo Shiva la Conciencia Pura, el Fundamento del Ser, cuando es evocado o “sintonizado”, tiende a iniciar el “movimiento de ajuste de foco” en nosotros mismos. Así, la “energía” de Shiva tiene la propiedad de mostrarnos la Realidad Última, o sea, nuestra propia naturaleza esencial. Shiva es el destructor… ¡de las ilusiones!

Cuando esto ocurre, las dualidades de la realidad aparente en que vivimos tienden a “chocar entre sí”, causando una sensación aparente de desorden o cambio.

El Mantra OM NAMAH SHIVAYA es un mantra de evocación a Shiva. La traducción literal del mantra sería Yo Saludo al Señor Shiva. Shiva es, según la tradición hindú, el segundo aspecto de la trinidad. Posee varios epítetos (atributos), siendo los más conocidos transformador, el de dulce fulgor, el de los tres ojos (tryambake)… Sin embargo, la palabra Shiva es literalmente El Benevolente. Shiva es la Conciencia Pura, el fundamento original del Ser. En yoga y en las corrientes védicas se le llama Brahmán. Brahmán y Shiva representan el mismo principio: El Todo, el Absoluto, el Fundamento Original del Ser. Siendo así, Shiva es normalmente retratado en postura yoghi, con rostro sereno, plácido y siempre en paz. Siendo EL TODO, nada está fuera de él y, por lo tanto, él es siempre el mismo, igual en todas las circunstancias.





No hay comentarios:

Publicar un comentario