sábado, 13 de abril de 2013

momificación con miel



 Embalsamiento: Rito funerario; arte de conservar los cuerpos después del fallecimiento por medio de la utilización de sustancias químicas. Se creía que comenzó a practicarse en Egipto hacia el año 4.000 a.C., perdurando durante más de treinta siglos. Aumque en un refugio rocoso del desierto de Libia se produjo un descubrimiento sin precedentes: la momia de un pequeño niño. Hasta el momento del hallazgo, todo el mundo creía que los egipcios eran los precursores de la momificación en África.
Un equipo de arqueólogos italianos, ayudado por la tecnología más moderna, ha desarrollado un fascinante trabajo de investigación, sacando a la luz la existencia de una cultura más antigua que la egipcia conocida, un pueblo africano que habitó en el desierto del Sahara
El culto a la muerte lo encontramos en toda la historia y en todas las culturas. Jesús fue embalsamado según nos relatan los evangelios
La costumbre de embalsamar los cadáveres se extendió desde Egipto hacia otros pueblos antiguos como los asirios, los judíos, los persas y los escitas. Según el concepto que tenían los antiguos egipcios, al terminar su vida terrenal, se producía un transito hacia el paraíso o, para mejor decir, los "Campos de Ialu", pero tanto de su cuerpo como de su espíritu (el concepto de alma tal como lo conocemos hoy no era el de los egipcios). La condición indispensable es que tenían que llegar a su nueva dimensión enteros, es decir, con su cuerpo intacto e incorrupto. La utilización de la miel en los ritos funerarios era atribuida a su pervivencia y también a sus propiedades higiénicas y conservadoras . Los egipcios la utilizaron frecuentemente en la momificación, como prueban las estelas de Deir-ElMedineh, donde se puede leer: "...recolectores de miel aprovisionaban los almacenes". Para este menester era tan necesaria la miel como la cera, que formaban parte de un amplio catálogo de fórmulas embalsamatorias. Asimismo practicaron un tipo de momificación consistente en la introducción de cadáveres en miel.

Los metodos antiguos de embalsamamiento consistían en retirar del cuerpo el cerebro y las vísceras, y rellnar las cavidades corporales con una mezcla de hierbas balsámicas y de otras sustancias. Los egipcios sumergían el cuerpo en carbonato de sosa, inyectaban bálsamos en las arterias y las venas, rellenaban las cavidades del torso con sustancias aromáticas y bituminosas y con sales, y envolvían el cuerpo con telas saturadas de materiales similares. Los asirios utilizaban miel, los persas cera y los judíos especias y áloe. Alejandro Magno fue embalsamado con miel y cera.
El historiador griego Plutarco, nos relata, que el rey de Esparta Agésilas (siglo V a.C.), fue untado con miel y recubierto con cera fundida. El historiador romano Tácito, nos hace una descripción acerca de Popea, esposa de Nerón, diciéndonos: “Su cuerpo no fue destruido por las llamas, según la costumbre romana, sino que fue embalsamado a la moda de los reyes extranjeros (los egipcios), y todo su cuerpo fue impregnado de perfumes”.
Hornero nos habla de la miel empleada en la conservación de cadáveres que no podían ser incinerados de inmediato, y Nepote atribuye a los espartanos la práctica de este tipo de embalsamamiento para los cadáveres de sus reyes. En la antigua Grecia, se embalsamaba en miel los cadáveres de los niños, e incluso, de ciertos grandes personajes que no se querían incinerar directamente -y que deberían tener un gran poder económico, dada la consideración de la miel como producto de lujo- o de quienes se pretendía que su conservación fuera eterna, como cuenta Varrón. Seguían este sistema desde los tiempos homéricos, como se desprende de un pasaje de la Ilíada, donde Tetis vierte néctar y ambrosía en las fosas nasales de Patroclo para que no se corrompa.

Esta costumbre quizá tenga su origen en Asia Menor y Anatolia y fue transmitida a Grecia a través de Creta. En las fuentes clásicas, encontramos más ejemplos sobre el ritual funerario de embalsamar los cadáveres con miel, aunque el personaje más famoso tratado con este producto sea el del caudillo macedonio Alejandro Magno, como cuenta el poeta Estacio. Varios historiadores citan igualmente esta práctica en el caso de los babilonios y de los judíos. En Las guerras judaicas, Josefo evoca el caso del rey Aristóbulo, cuyo cuerpo fue guardado mucho tiempo en Siria embalsamado con miel, hasta que Marco Antonio lo envió a Jerusalén para ser embalsamado en el sepulcro de los reyes. Aunque no se trataba de proteger definitivamente los cadáveres como hacían los egipcios, era el medio de evitar su descomposición.

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