lunes, 11 de marzo de 2013

"una asociación criminal del mundo oculto"


La obsesión con los Demonios empezó a alcanzar un crescendo cuando, en su famosa Bula de 1484, el papa Inocencio VIII declaró:
"Ha llegado a nuestros oídos que miembros de ambos sexos no evitan la relación con -Ángeles Malos, Íncubos y Súcubos, y que, mediante sus Brujerías, Conjuros y Hechizos sofocan, extinguen y echan a perder los alumbramientos de las mujeres. Además de generar otras muchas calamidades."
Con esta bula, Inocencio inició la acusación, tortura y ejecución sistemática de incontables "Brujas" de toda Europa. Eran culpables de lo que Agustín había descrito como "una asociación criminal del mundo oculto".

La crónica de los que fueron consumidos por el fuego sólo en la ciudad alemana de Wurzburgo en el año 1598 revela la estadística y nos da una pequeña muestra de la realidad humana:
El administrador del senado, llamado Gering; la anciana señora Kanzler; la rolliza esposa del sastre; la cocinera del señor Mengerdorf; una extranjera; una mujer extraña; Baunach, un senador, el ciudadano más gordo de Wurtzburgo; el antiguo herrero de la corte; una vieja; una niña pequeña, de nueve o diez años; su hermana pequeña; la madre de las dos niñas pequeñas antes mencionadas; la hija de Liebler; la hija de Goebel, la chica más guapa de Wurtzburgo; un estudiante que sabía muchos idiomas; dos niños de la iglesia, de doce años de edad cada uno; la hija pequeña de Stepper; la mujer que vigilaba la puerta del puente; una anciana; el hijo pequeño del alguacil del ayuntamiento; la esposa de Knertz, el carnicero; la hija pequeña del doctor Schultz; una chica ciega; Schwartz, canónigo de Hach...
Y así sigue.
Algunos recibieron una atención humana especial: "La hija pequeña de Valkenberg fue ejecutada y quemada en la intimidad". En un solo año hubo veintiocho inmolaciones públicas, con cuatro a seis víctimas de promedio en cada una de ellas, en esta pequeña ciudad. Era un microcosmos de lo que ocurría en toda Europa. Nadie sabe cuántos fueron ejecutados en total: quizá cientos de miles, quizá millones. Los responsables de la persecución, tortura, juicio, quema y justificación actuaban desinteresadamente. Sólo había que preguntárselo.
No se podían equivocar. Las confesiones de Brujería no podían basarse en alucinaciones, por ejemplo, o en intentos desesperados de satisfacer a los inquisidores y detener la tortura. En este caso, explicaba el juez de Brujas Pierre de Lancre (en su libro de 1612 Descripción de la inconstancia de los ángeles malo), la Iglesia Católica estaría cometiendo un gran crimen por quemar Brujas. En consecuencia, los que plantean estas posibilidades atacan a la Iglesia y cometen ipso facto un pecado mortal. Se castigaba a los críticos de las quemas de Brujas y, en algunos casos, también ellos morían en la hoguera.


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