sábado, 19 de enero de 2013

Museo de la Brujería en Boscastle



Museo de la Brujería en Boscastle



El Museo de la Brujería fue creado en 1951 por Cecil Williamson en Castletown (Isla de Man). Antes había tratado de instalarlo en Stratford-on-Avon, pero como en aquel lugar no les gustaba la idea de convivir con seres procedentes de realidades alternativas, impidieron su fundación a base de obstáculos burocráticos.

El primer encuentro de Williamson con la brujería había tenido lugar en su juventud, cuando disfrutando unas vacaciones en North Bovey (Devon), en compañía de un tío suyo, intervino para salvar a una bruja de la persecución de unos lugareños. La bruja terminó convirtiéndose en su amiga.

Más tarde, siendo estudiante en Malvern College, aprendió de una “mujer sabia” sus primeros conjuros, que le sirvieron para librarse del acoso de un compañero bravucón. En Rhodesia (hoy Zimbabwe) conoció la brujería africana, comprobando que las técnicas de allí eran muy similares a las de Inglaterra.

Ya de regreso a su país, trabajó para el Servicio de Inteligencia británico, el célebre MI6, recogiendo datos sobre los conocimientos de ocultismo que poseían los nazis en Alemania. La colaboración de Cecil Williamson con el MI6 prosiguió durante la Segunda Guerra Mundial y se dice que sus artes esotéricas fueron utilizadas para engañar a Rudolf Hess y hacerle volar a Escocia, donde fue apresado.

En 1946 conoció en Londres a Gerald Gardner, discípulo del célebre Aleister Crowley, y se asoció con él para diversos asuntos. Gerald Gardner está considerado hoy como el padre de la Wicca y, por lo que he visto, sus andanzas merecerían un capítulo aparte.

En 1948 Williamson adquirió el llamado Molino de las Brujas (Witches’ Mill) en la Isla de Man y lo convirtió en museo y restaurante. Gardner fue nombrado algo así como “brujo gerente”. Gardner buscó publicidad y logró convencer a varios periódicos y emisoras de radio y de televisión para que cubrieran las informaciones sobre brujería. En esa misma época (1951) fue derogada la Witchcraft Act o Ley de la Brujería (vigente desde 1735), por lo que ésta empezó a ponerse de moda.



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