viernes, 23 de noviembre de 2012

la danza del venado

Indio Yaqui de Arizona  realizando la danza del venado.


La indumentaria del danzante-venado consiste en un calzón o pantalón, un rebozo que les cubre la frente y la espalda, sostenido con un cinturón del que caen pezuñas de venado; en las pantorrillas se enrollan hilos de capullos secos de mariposa que le dan un sonido peculiar a los
movimientos de los pies descalzos, podemos observar que en las manos portan dos sonajas de dulce, con las que marcan el ritmo, el danzante se cubre la cabeza con un trapo blanco y coloca, sobre éste, una cabeza disecada de venado, adornada con cintas. El individuo que la ejecuta ha de representar a un venado al grado de casi convertirse en dicho animal.

El lienzo blanco “páyum” que se ata a la altura de los párpados para cubrir parte de los ojos, da a entender que abandona provisionalmente la forma humana para transformarse en venado. En cuanto a la cabeza de venado disecada, ésta deberá ser chica, ligera, con la base sin picos para que al momento de ponérsela no lastime al cráneo, además, para que no se caiga durante la danza, se sujeta por medio de una cintas de gamuza; hay que adornar los cuernos con listones de colores que de la apariencia de flores, representando así la unión con la naturaleza.
El danzante lleva un rosario “cúzim”, cuelga de su cuello y lo obliga a respetar las ceremonias en silencio, ahuyentando los malos espíritus. Antiguamente era un collar de perlas legítimas de gran tamaño. Se coloca también una banda en la muñeca, así como la que usaban los cazadores para protegerse del coletazo de las flechas disparadas.

Las sonajas sirven para marcar el ritmo y nerviosismo del venado, la sonaja derecha es más pequeña y se llama ritmo. Con ella se emiten sonidos intermitentes. La de la izquierda, se llama melodía, la cual es más sensible y se sacude con menor fuerza. El listón rojo que llevan en el mango es para recordar la cercanía de la comunidad.
Los “téneboim”, sartas de capullos secos, son largas, proporcionan porte y elegancia al danzante, ya que los tobillos anchos dan la idea de fortaleza. Es frecuente ver en los pueblos que la gente camina con los pies descalzos, y por eso se le forman callosidades en las plantas, igualmente las uñas crecen gruesas y resistentes, por eso, los danzantes pueden rascar el suelo con el dedo gordo sin lastimarse, semejando las pezuñas del venado.

Los instrumentos musicales que se utilizan en esta danza son:
El tambor de agua (baa-wehai), es un recipiente grande de barro o de madera, embutido al suelo, que se llena de agua hasta el borde, donde se coloca una gran jícara embrocada, es decir, con el corte hacia el agua, procurando que no desaloje todo el aire, y por un orificio se sujeta a un cordoncito para que el músico controle su movimiento y no flote a la deriva. Este tambor se percute con un madero ("baa jiponia"), envuelto
en una hoja seca de maíz, que a la vez se aprieta con un cordón. Con ambos componentes se produce un sonido especial parecido a los latidos del corazón.
Los frotadores de madera “hirúkiam”, integrados por dos varas, una larga con ranuras, y otra lisa y pequeña. Necesitan además una jícara embrocada sobre la tierra, que sirve de caja acústica, y sobre su lomo
se acuesta la vara larga, sujeta por su extremo con la mano izquierda, y luego, se raspan las ranuras con la vara pequeña que se trae en la
derecha, produciendo un sonido similar al de la respiración agitada.
La ejecución de la danza empieza una vez que el venado está vestido, anuncia su salida sacudiendo las sonajas, transmitiendo en los presentes una emoción de expectación y susto. El moro, que es la persona encargada de hacer los preparativos de la danza, va por el danzante-venado utilizando como instrumento de enlace y conducción un carrizo; primero lo lleva al altar, luego a la cruz del patio, donde se lanzan al cielo algunos cohetes y finalmente, regresan al área de danza.

Inmediatamente entran en acción los músicos. Se percute el tambor de agua, produciendo un sonido bajo, profundo y dramático. Simultáneamente hacen uso de los
frotadores, cuyos músicos entonan cantos primitivos en lengua cahíta, uno en voz baja y otro en falsete, esparciendo en el aire la leyenda.

El danzante con sangre yaqui en las venas, al inicio de la danza entra
vigoroso y libre, como si saliera un hermoso venado corriendo a su medio
 ambiente. Al compás de los instrumentos y del canto humano, el danzante
 aumenta de colorido la interpretación y se convierte en un médium al
servicio del espíritu del venado.

El danzante asume una posición lo más ajustada a la conducta del venado, apuntando sus dedos hacia la tierra como si fueran pezuñas. Si camina lento y voltea tranquilo, manifiesta que no tiene miedo, pero como es cauteloso, siempre se cuida de que nadie a su alrededor lo aceche, por ello, mueve la cabeza continuamente hacia los lados, enfrente, arriba y abajo. Para detectar al enemigo se apoya en su pie izquierdo, pone su espalda erguida, su pecho saliente, su cabeza al pendiente, y con el pie derecho golpea el suelo para sentir vibraciones de su alrededor.

Llega el momento en que aparecen en escena los coyotes que olfatean las huellas del venado, lo persiguen. El ciervo escapa y burla a sus enemigos, sin embargo los coyotes quieren comerlo, se defiende, trata de patearlos o alcanzarlos con sus cuernos, al mismo tiempo sabe que está sólo y lo invade el miedo, simbolizando esta emoción haciendo sonar las sonajas, trata de huir pero en eso llega el cazador, espanta a los
coyotes y apunta sus flechas al venado, al principio las evade ágilmente  pero después se cansa y es alcanzado por una certera flecha, empezando una lcuha con la muerte.

Se desvanece y se levanta tembloroso, no se rinde pero le faltan las fuerzas y cae agonizando, hay fuertes sacudidas en su cuerpo, espasmos, calambres hasta quedar inerte y muerto. En ese momento, en medio de un imponente silencio, se acrecientan los sonidos del tambor de agua, parecen latidos del corazón; al mismo tiempo, los instrumentos de los frotadores emiten en su propio lenguaje un sonido idéntico a la
respiración agitada de un venado moribundo, hasta que expira y muere

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