martes, 10 de julio de 2012

“the curse”, la maldición

En Inglaterra, uno de los nombres normales y corrientes para la regla es “the curse”, la maldición


Los antropólogos han subestimado la importancia universal de la menstruación, documentando cómo el hecho está entrelazado con la ideología así como con las actividades diarias de las culturas del mundo. Las costumbres relacionadas con la menstruación toman formas generalmente negativas: los llamados "tabúes menstruales". Estos tabúes pueden prohibir a una mujer que tenga relaciones sexuales con su marido o que cocine para él. Pueden impedirle visitar lugares sagrados o tomar parte en liturgias religiosas. Algunos prohiben a la mujer que toque ciertos artículos usados por los hombres, como armas o instrumentos de caza, o que coma ciertos alimentos o que se lave en determinados momentos. Además, pueden requerir que la mujer se pinte de rojo la cara o que lleve un cordón rojo en la cintura, o que se aísle en una cabaña especial mientras dure la menstruación. En pocas palabras, los diversos tabúes sirven para separar a las mujeres del resto de la sociedad mientras dura la menstruación, marcándolas como impuras y como fuente de contaminación
Tribus australianas y muchas centromeridionales de America estan convencidas de que la mujer en periodo menstrual perjudica la pesca, por lo que, para evitar influjos negativos, se les prohibe acercarse a la orilla para no dañar la pesca del dia.
Tribus africanas tienen la idea de que si una mujer esta menstruando no se debe acercar a una vaca que da leche, ya que puede provocar infertilidad del animal.
Tribus colombianas tienen la idea de que si una mujer esta menstruando y toca las flechas para la caza, estas ya no servirin y deben desecharlas.
Tribus de Nueva Guinea encierran en las cabañas a las mujeres que estan menstruando para que no arruinen las cosechas.
En europa se ique si las mujeres tocaban la carne o la mantequilla esta ya no era comestible, asi como, si tocaban el vino este se convertiria en vinagre.
En la iglesia griega, la mujer no podia comulgar durante la menstruacion y, ademas, el concilio de Nicea les prohibio entrar a las iglesias.
En la Biblia (Levitico 15, 19-28) se menciona que el tiempo de la menstruacion se debe considerar como impuro y la mujer en tal condicion debera guardar una serie de restricciones.
El hombre primitivo creia que tenia cualidades sobrenaturales, ya que no alcanzaba a comprender como una mujer podia perder sangre sin morir.
Para ciertas tribus africanas la mujer que estaba menstruando estaba contaminada y no podia cocinar para la familia, ya que de hacerlo podia envenenarlos.

Efectos beneficos y brujeriles:
En Alemania las mujeres usaban su sangre como afrodisiaco.
En Nueva Zelanda, los Maoris tenian la creencia de que las almas humanas estan hechas de sangre menstrual.
En Escocia se utilizaba para curar el mal de ojo.
 esta supuesta malignidad de la sangre menstrual se utilizó en otros lugares con fines beneficiosos, aunque dejaremos aparte, eso sí, el uso que tuvo en beneficio de unos pocos al realizarse con ella pociones y brebajes brujeriles…
En el sur de Rusia, pensando que la sangre tendría parte del alma de su propietario, la utilizaban como filtro de amor mezclándola con el vino o el café.
También se utilizaba para librar del Mal Ojo a animales y personas.
En magia se sabe que se utiliza la sangre menstrual propia como vínculo entre la magia y tu cuerpo
Con ella podemos cargar sigilos y amuletos.
Este es el momento para emplear tu don inherente para afectar a tu mundo, especialmente para eliminar obstáculos. La energía menstrual hace milagros a la hora de lidiar con gente y situaciones problemáticas – utilizala para atar o hacer desaparecer
utilizar un ciclo, para una magia especifica, cargando tu útero con un deseo, y utilizando la sangre de esa menstruación que ha sido cargada con ese proposito.
Lo cierto, es que el útero de la mujer es un atanor mágico. Y en cada mujer hay una bruja.


Cada mes hace y deshace en ella una cuna; cada mes un hijo se prepara para nacer, y aborta en el naufragio de los encajes rojos..."
Simone de Beauvoir
A mediados de los 80, la antropóloga Beverly I. Strassmann de la Universidad de Michigan en Ann Arbor, comenzó a estudiar el modo con que hombres y mujeres han evolucionado para conseguir y regular la reproducción. De modo distinto a los antropólogos tradicionales, que se centran en cómo la cultura afecta la conducta humana, Strassmann estaba convencida del importante papel que la biología tiene, importancia a menudo poco reconocida. Esta autora sospechaba que la regla podría ser la clave de la observación y comprensión del juego biológico-cultural de la conducta reproductora humana

 Strassmann pensaba en una explicación más funcional de los tabúes menstruales, una explicación más relacionada con la reproducción. Como ya sabía incluso antes de su estudio con los Dogón, en todo el mundo las diversas culturas tienen una visión muy sofisticada de cómo funciona la reproducción. En general, los diversos pueblos saben que la presencia de la menstruación indica la ausencia de embarazo y la posibilidad de que éste se produzca. Strassmann concreta su hipótesis razonando como sigue. En todas las culturas, tanto hombres como mujeres saben que cuando no hay regla es porque hay embarazo, lactancia o menopausia. Además, al menos en las culturas de fertilidad natural que no practican la anticoncepción, cuando una mujer tiene el periodo de manera continua durante los años más fértiles, significa que esa mujer es estéril. De este modo, aunque no se pueda señalar el momento de la ovulación, es fácil saber si una mujer estará lista para concebir basándonos en su estado menstrual. Y ello lleva a Strassmann a exponer su lúcida hipótesis sobre el papel de los tabúes menstruales: la información sobre la menstruación puede servir como medio de asegurar la paternidad de los hijos.


"Para asegurarse la paternidad hay dos datos indicadores" que, según Strassmann, son el momento del coito y el momento de la menstruación. "Obligar a las mujeres a que indiquen cuándo están menstruando es la manera que tienen los hombres de acceder en iguales condiciones a una parte de esa información crítica". Dicha información, nos explica, es crucial para los hombres Dogón, porque invierten una gran cantidad de recursos en sus propios hijos. La descendencia es patrilineal; la tierra y el alimento que de ella proviene se pasan de padres a hijos. Así que la información sobre la paternidad es crucial para todo el linaje de un hombre. Y como cada hombre tiene hasta cuatro mujeres, es posible que no pueda controlarlas a todas. Así que, obligando a las mujeres a que den cuenta de su periodo menstrual o de la falta de la regla, intentan evitar la infidelidad.

Para comprobar su hipótesis, Strassmann controló la estancia de las mujeres en las cabañas menstruales durante 736 días seguidos, recogiendo datos sobre 477 ciclos completos. Llevaba un registro de quién estaba en las cabañas en cada momento y durante cuántos días. Además recogió muestras de orina de 93 mujeres durante diez semanas, para comprobar la correlación entre la residencia en la cabaña y la menstruación.

La combinación de registros etnográficos y análisis de orina demostró que las mujeres Dogón suelen jugar limpio. En el 86% de las menstruaciones detectadas hormonalmente, las mujeres acudieron a la cabaña. Además, ninguna de las mujeres analizadas fue a la cabaña cuando no estaban menstruando. En el 14% restante, las mujeres violaron el tabú al quedarse en casa y no ir a la cabaña cuando tenían la regla, aunque algunas estaban cerca de la menopausia y no corrían tanto riesgo de quedarse embarazadas. Y más importante, ninguna de las que violaron el tabú lo hizo dos veces seguidas. Incluso ellas estaban dispuestas a colaborar.

De este modo, concluía Strassmann, las cabañas constituyen una señal muy segura, tanto para los hombres como para las mujeres, del estado fértil de una mujer. Cuando deja de residir en la cabaña, se considera que la mujer en cuestión está lista para concebir. Cuando deja de ir a la cabaña, evidentemente está embarazada o menopáusica. Y una mujer en edad claramente reproductora que acude periódicamente a la cabaña durante mucho tiempo es claramente estéril.

Quedó claro además que los Dogón usan esta información para decidir sobre su paternidad. En varios casos, un hombre fue obligado a casarse con una mujer embarazada, simplemente porque todo el mundo sabía que dicho hombre había sido el primer compañero sexual de la mujer antes de su última visita a la cabaña. Strassmann habla de un caso en que un hombre se ocupaba de criar a un chico porque él fue el primer compañero sexual de la madre después de una estancia en la cabaña, incluso aunque la mujer se casó poco después con otro hombre. (La mujer ya sabía que estaba embarazada del primer hombre cuando se casó, así que no fue a las cabañas antes de casarse. De modo que la verdad era obvia para todos y el padre real tuvo que quedarse con el niño).

En general, las mujeres cooperan porque, sin un hombre, no tendrían medios de subsistencia ni para ellas ni para sus hijos. Pero eso no quiere decir que no admitan seguir el tabú con desgana. Se suelen quejar de tener que ir a la cabaña. Y si su marido se convierte a una religión que no les exija ir a las cabañas, como el Islamismo o el Cristianismo, las mujeres dejan de ir. No es que una conversión religiosa elimine el deseo del hombre de saber sobre la fidelidad de su esposa: nada más lejos de la realidad. Lo que ocurre es que cambian las normas. Puede que las sanciones que la nueva religión impone a la infidelidad haga que las mujeres sean fieles, así que los hombres pueden bajar la guardia. O tal vez los hombres prefieran dejar las ventajas reproductoras del tabú menstrual a cambio de los beneficios económicos de la nueva religión. Sea cual sea el caso, Strassmann encontró una correlación casi perfecta entre la religión del hombre y la asistencia de sus mujeres a la cabaña. En resumen, el tabú está establecido por los hombres, respaldado por fuerzas sobrenaturales e internalizado y aceptado por las mujeres hasta que los hombres las liberan de la creencia
La experiencia de los Dogón con la menstruación puede ser muy típica de la condición humana predominante en la mayor parte de nuestra historia evolutiva, mucho más que la conducta actual de los pueblos industrializados. Si es así, los descubrimientos de Strassmann vienen a trastornar algunas de las creencias más arraigadas sobre la biología femenina. Al contrario de lo que el consenso médico occidental pueda creer, no es particularmente "normal" el menstruar cada mes. Según Strassmann, el cuerpo femenino está diseñado biológicamente para pasar mucho más tiempo en la amenorrea de la lactancia que en el ciclo menstrual
Todo lo que nos da miedo, lo condenamos a nuestro dominio. La mujer , vista por un nombre, es un misterio que le recuerda:
-de lo misterioso y complejo de de la vida
-del asombroso poder creador que pulsa en el interior de cada mujer
-de la imposibilidad de dominar la vida y la Tierra.
No tuvo más remedio el hombre que crear estos tabues sobre la mujer, la cual siempre ha despertado miedo en el, con el proposito de dominar su poder, asi la ha discriminado junto a la naturaleza, pues la mujer tiene la magia de la naturaleza en su propio cuerpo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario