domingo, 15 de enero de 2012

Fairy Tale By Omnia



Isobel Gowdie  afirmó en 1662 que fue a una colina de hadas, “y
allí me dio carne la reina de las hadas; había toros-elfos pastando y
triscando aquí y allá, y me espantaron”. Estos toros le causaron una
gran impresión, pues en una confesión ulterior dijo: “Fuimos a las
colinas de Downie; las colinas se abrieron, y llegamos a una bella y
espaciosa sala a la luz del día. Hay toros-elfos allí, pastando a la
entrada, que me espantaron”. La gente del Periodo Neolítico utilizaba
perros chows como guardianes; se han descubierto esqueletos de
tales perros en sitios neolíticos. También en los cuentos sobre las
hadas se mencionan perros, perros feroces que guardaban la colina.
La escasez de agricultura entre las hadas se muestra parcialmente en
el hecho de que no se mencionan tierras cultivadas en relación con
ellas; tan sólo están asociadas a los pastizales y, parcialmente, por el
hecho de que sus poderes se manifestaban en el ganado, muy rara
vez en las cosechas
Sus vestidos parecen haber variado no
sólo de acuerdo con la tribu a la que pertenecían, sino también con el
rango que ocupaban en su comunidad. Testigos presenciales
sostienen que las hadas hilaban y tejían sus propios ropajes. Las
hadas eran muy notables tejedoras y bien habrían podido defenderse
contra la competencia de las “mortales”, pero sus telares no eran tan
satisfactorios, y existen muchos relatos de hadas que entran en una
cabaña y allí tejen sus ropas en el telar. El hilo empleado
generalmente era de lana, ocasionalmente sin teñir (llamado
loughtyn en la isla de Man), y las más de las veces era verde o azul.
Los colores eran oscuros, como en el tartán de caza de los Highlands
de Escocia, y el color azul sumamente oscuro hizo nacer la creencia
en las hadas negras. Como lo expresa John Walsh (1566) (22): “Hay
tres tipos de hadas, las negras, las blancas, y las verdes, la peor de
las cuales es la negra”.
Entre las hadas, los hombres de condición inferior llevaban pantalón
y chaqueta; las mujeres, faldas y corpiños. Sin embargo, la prenda
más característica para todos los rangos era el sombrero, la gorra o
el capuchón. Eran tan importantes para un hada que cualquiera de
ellas se arriesgaría a ser capturada o a pagar un rescate por
recobrarlos, si caían en manos ajenas. La gorra variaba en forma y
color, según los distritos. En las West Highlands
las gorras
cónicas verdes de las hadas eran como los cascos que hacen los
niños, y como los gorros que comúnmente llevan los lapones de
Suecia. En Irlanda un hombre del pueblo de las hadas era
“como un muchacho de 10 a 12 años de edad, sólo que más robusto
y grueso, vestido con una pequeña chaqueta gris y medias del mismo
color, con un sombrerito de lana negra”. En la isla de Man las
hadas se vestían de lana sin teñir, con pequeños gorros rojos
puntiagudos. En Gales ( los hombres de la raza de las hadas
llevaban “triples gorros rojos, y las damas un fantástico tocado que
ondeaba al viento”. Las hadas de la Alta Bretaña  llevaban una
especie de gorro “como una corona que parecía formar parte de su
propio cuerpo”. En Hildesheim  el duende local se vestía como
campesino, pero tan invariablemente llevaba un capuchón que le
llamaron Hedekin o Hutkin.
Y aun en la lejana Europa oriental, un relato eslavo , habla de un
hombre que vio “dos demonillos tirándose de los cabellos, y por el
corte de sus casacas, por sus pantalones apretados y sus tricornios,
supo que eran habitantes del mundo subterráneo”.
Las hadas de mayor categoría iban, naturalmente, mejor ataviadas.
El rey y la reina, al ir en procesión, llevaban ricos ropajes e iban
siempre coronados; en ocasiones solemnes, se vestían como sus
súbditos aun que con materiales más ricos. Y, en un caso de
emergencia interna en la familia real, en que la reina de las hadas
acudió una vez a pedir prestado un plato de avena a una mujer de
una cabaña, iba ataviada del más rico color verde tejido con oro, y
llevaba una diadema de perlas. Su sirvienta, que devolvió la avena,
simplemente iba, según los testimonios, vestida de gris. Esto ocurrió
en Kirkcudbrightshire
Las damas linajudas del país de las hadas llevaban largos vestidos
flotantes que les caían hasta los pies en vastos pliegues; estas ropas
eran usualmente blancas, a veces verdes, ocasionalmente de color
escarlata. Llevaban el cabello suelto hasta los hombros, lo que
aumentaba la belleza de las doncellas, pero los largos rizos sueltos
de las mujeres de edad generalmente provocaban comentarios de
horror de los “mortales” que las contemplaban. Las damas se cubrían
el cabello con un velo o capuchón, y a menudo llevaban una diadema
de oro. Los caballeros entraban en combate o asistían a las
procesiones solemnes con armadura de oro o de plata; de ordinario
iban vestidos de verde, con sombrero o capucha; en todas las
ocasiones llevaban mantos o capas verdes, posiblemente a cuadros
de tipo escocés.
Cuando descendían entre los aldeanos, los registros muestran que las
hadas se vestían como sus vecinos, aparentemente para no atraer la
atención y ser reconocidas. Bessie Dunlop (1576) , no supo sino
hasta mucho tiempo después que la “mujer robusta” que la visitó
era, en realidad, la reina de Elfhame.
También hay innumerables historias de “mortales que entraron en un
reducto de las hadas y así llegaron a conocer la apariencia de
algunas de ellas, a las que después reconocieron entre las aldeanas;
tal reconocimiento invariablemente recibió un severo castigo. Se ha
descrito al hada de la moderna Irlanda como una respetable ama de
casa vestida de negro, y dado que es imposible distinguir de la gente
ordinaria a estos visitantes terribles y aterradores, por su apariencia
y atuendo, se aconseja no admitir a extraños en la casa ni dar
hospitalidad a un visitante desconocido cuando se esté efectuando
alguna labor doméstica seria, como hacer mantequilla, por temor a
que el desconocido resulte uno de los “buenos” (N.d.E.: la tradición
sostiene que la presencia de un brujo o un hada vuelve rancia o
“corta” la mantequilla).
Poco se sabe de las herramientas y aperos de las hadas. Poseían
husos pero nunca se menciona una rueca; practicaban el tejido, pero
no se habla de telares. La alfarería, pero no el metal, era, al parecer,
de uso general con propósitos domésticos, ya que abundan los
relatos en que las hadas piden recipientes de metal, que devuelven
puntualmente, a menudo con un regalo por el préstamo. De pasada,
hemos de notar que las hadas cumplían escrupulosamente sus
promesas, en lo cual se mostraban mejores que los “mortales”, que a
menudo las engañaban. También agradecían toda bondad, y
pagaban con generosidad toda deuda o ayuda. En Northumberland
las hadas definitivamente eran mortales, pues morían, y eran
enterradas en Brinkburn, bajo un gran túmulo

Margaret A. Murray

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