viernes, 27 de enero de 2012

el dominio oculto de la sombra

Nosotros no podemos percibir directamente el dominio oculto de la sombra ya que ésta, por su
misma naturaleza, resulta difícil de aprehender. La sombra es peligrosa e inquietante y parece
huir de la luz de la conciencia como si ésta constituyera una amenaza para su vida.
El prolífico analista junguiano James Hillman dice: «El in consciente no puede ser consciente, la
luna tiene su lado os curo, el sol también se pone y no puede brillar en todas partes al mismo
tiempo y aún el mismo Dios tiene dos manos. La atención y la concentración exigen que
ciertas cosas se mantengan fuera del campo de nuestra visión y permanezcan en la oscuridad. Es
imposible estar en ambos lugares al mismo tiempo».
Así pues, sólo podemos ver a la sombra indirectamente a través de los rasgos y las acciones de
los demás, sólo podemos darnos cuenta de ella con seguridad fuera de nosotros mismos. Cuando, por
ejemplo, nuestra admiración o nuestro rechazo ante una determinada cualidad de un individuo o de
un grupo -como la pereza, la estupidez, la sensualidad o la es piritualidad, pongamos por caso - es
desproporcionada, es muy probable que nos hallemos bajo los efectos de la sombra. De este modo,
pretendemos expulsar a la sombra de nuestro interior proyectando y atribuyendo determinadas cualidades
a los demás en un esfuerzo inconsciente por desterrarlas de nosotros mismos.
La analista junguiana Marie -Louise von Franz ha insinuado que el mecanismo de la proyección se
asemeja al he cho de disparar una flecha mágica. Si el receptor tiene un punto débil como para recibir la
proyección la flecha da en el blanco. Así, por ejemplo, cuando proyectamos nuestro enfado sobre una
pareja insatisfecha, nuestro seductor encanto sobre un atractivo desconocido o nuestras cualidades
espirituales sobre un guru, nuestra flecha da en el blanco y la proyección tiene lugar estableciéndose,
a partir de entonces se produce un misterioso vínculo entre el emisor y el re ceptor, cosa que ocurre,
por ejemplo, cuando nos enamoramos, cuando descubrimos a un héroe inmaculado o cuando
tropezamos con alguien absolutamente despreciable, por ejemplo.
Nuestra sombra personal contiene todo tipo de capacidades potenciales sin manifestar, cualidades que
no hemos desarrollado ni expresado. Nuestra sombra personal constituye una parte del inconsciente
que complementa al ego y que representa aquellas características que nuestra personalidad consciente
no desea reconocer y, consecuentemente, repudia, olvida y destierra a las profundidades de su
psiquismo sólo para reencontrarlas nuevamente más tarde en los enfrentamientos desagradables con
los demás

encuentro con la sombra
Edición a cargo de Connie Zweig
y Jeremiah Abrams

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