sábado, 29 de octubre de 2011

tributo a las diosas oscuras



En el comienzo era el Abismo sin fondo y sin límites, La Nada y el Todo a la vez, el Caos indeterminado que contiene todas las cosas todavía sin nombre y sin concreción. Y antes del Abismo, quizás, la Razón Inabarcable de ese Origen apenas perceptible, la recóndita semilla de los Mundos y de los Seres, lo Absoluto de imposible conocimiento; la idea del Cosmos que escapa a toda comprensión, la pregunta sin respuesta: el Enigma...


Istar, Ishtar, Ashtar, Astoret, Astarté… Diferentes nombres para una misma diosa que reinó en el panteón semítico antes de la llegada del dios único de los hebreos. Una diosa cuyos atributos son la media Luna y una estrella o un disco y que se representa, en algunas ocasiones, con dos cuernos, ya que en un principio se la adoraba con la figura de vaca. Astarté, una divinidad femenina muy fuerte y significativa, dimana directamente de la Luz: su nombre deriva de Aster, estrella de la mañana; en Fenicia, donde se ubicó el centro principal de culto a esta diosa, era considerada también diosa del planeta Venus
Astarté, como Istar, era la diosa de la Luna y del planeta Venus, era llamada por los profetas judíos “Reina de los Cielos” (Meleket-has-Samaïm), y esposa del Sol, o el “Rey de los Cielos” (Baal-Samaïm), es decir, la verdadera soberana del mundo, la diosa-naturaleza. Y como reina exigía sacrificios de sus súbditos. La sangre, parte esencial para la vida, era ofrecida a la diosa “oscura” con la muerte de palomas, otro de los animales relacionados con ella.

La Gran Madre, Caos, Noche Cósmica, útero y recipiente de la vida, es abismo oceánico, el seno de la tierra y la Luna. Sus atributos fueron con el tiempo representados en distintos imaginarios muchas veces demasiado separados entre sí según las variaciones de percepción psicológica y mental mediatizada por los momentos culturales en el que se formularon, personificaron y recibieron culto. Representaciones antiquísimas de la diosa Luna son los pilares o los conos, mayoritariamente de piedra; muchas veces de origen meteórico (las llamadas piedras lunares) que en ocasiones eran trabajadas. El color también variaba en función de estos aspectos luminosos o sombríos de la deidad lunar y la valoración positiva o negativa de los pueblos que las sacralizaron. Si en Pafos o Chipre Astarté era representada como un cono o pirámide blancos, Cibeles lo era como una piedra negra. En Caldea la Gran Madre era venerada en forma de piedra negra sagrada que muchos defienden sea la misma que aún ahora se guarda en la Kaaba de la Meca, sólo que antaño, al parecer, la servían sacerdotisas y ahora son sacerdotes en un culto estrictamente patriarcal.

Las piedras lunares a menudo eran representadas como ónfalos, centros vitales; y el pilar como árbol, con un significado parecido al ya visto: el fruto de la Naturaleza, ramificación de posibilidades que obedecen a un principio común, los distintos seres, fecundidad, expansión vital, la vegetación, etc., según el nivel de análisis empleado. Todos sus frutos son el Hijo de la Diosa, el hijo de la Luna, que muere y renace periódicamente. Si bien es muy común que la Diosa Madre sea representada con su hijo en forma de niño, también lo son las alusiones al hijo como compañero y consorte igualmente sometido a ciclos de muerte y resurrección. Inanna, Isthar, Cibeles, Afrodita e Isis están asociadas a esta contraparte y complemento, su aspecto masculino, que en una de sus claves es el árbol pilar y que en esta faceta recibe muchas veces el calificativo de "el verde". Frazer y otros estudiosos del siglo XIX llamaron la atención, haciendo una interpretación exclusivamente agraria (de fecundidad física y de la tierra), de la asociación de estas diosas-madre con el árbol, y su aspecto sombrío y doloroso al ver muerto a ese consorte
representación de la Madre Oscura y de la Luna Negra ha pasado psicológicamente a asumir características de lo incontrolable, lo desconocido y por tanto lo que contiene y mantiene la mayor parte de nuestros temores y de nuestras evitaciones. A nivel social representan muchas veces aspectos de la Naturaleza y de los seres que se consideran contrarios al orden imperante o que, se piensa, atentan contra el mismo.

El abismo en el que se oculta a la Madre Oscura representa en los humanos lo inconsciente, con todas sus facetas y posibilidades. Los contenidos que han sido rechazados y desplazados de la conciencia por ser incompatibles con la propia imagen, con lo que se espera de uno mismo y con lo que los demás esperan de uno; así como aspectos personales que se consideran desfavorables para ser valorado, querido, considerado o deseado por otros. Pero también están aquí las cualidades nunca desplegadas y las potencialidades desconocidas que no pudieron expresarse o manifestarse. Jung llamó a esta parte de la personalidad la sombra; que si bien en un cierto nivel puede coincidir con el inconsciente freudiano, lo sobrepasa ampliamente ya que es tanto caudal de energía como lo que llamamos "bueno" y "malo" de nosotros mismos.

A nivel social, este abismo donde se oculta la Diosa Oscura significa el destierro de la conciencia social, lo que indica que una vez pudo haber tenido consideración colectiva y por otra parte, desde el infierno, mundo subterráneo, seno de los mares, etc., o dondequiera que se la haya situado, sigue de algún modo existiendo y esperando una nueva oportunidad de manifestación
Ellas son las Diosas donde el Final es tan solo el Comienzo de Nueva Vida,Ellas son las Diosas que barren el pasado y nos preparan para lo nuevo.
sepas que yo soy madre y natura de todas las cosas, señora de todos los elementos, principio y generación de los siglos, la mayor de los dioses y relina de todos los difuntos, primera y única gola de todos los dioses y diosas del cielo, que dispenso con mi poder y mando las alturas resplandecientes del cielo, y las aguas saludables de la mar, y los secretos lloros del infierno. A mí sola y una diosa honra y sacrifica todo el mundo, en muchas maneras de nombres. [...]
Si crea directamente a los hombres es la Diosa Nu-wa de las tradiciones chinas, amasando a sus hijos -cómo no- del barro de la tierra. Puede ser la hija del Gran Espíritu de las culturas nativas americanas del área de las praderas, que se precipitó en el mundo fragmentándose y originando lo creado. Puede ser, siguiendo con la misma idea, Perséfone, tejedora de todas las cosas y circunstancias que se iban plasmando conforme aparecían en su tela y que, desoyendo a su madre, fue tentada por Eros y cayó al inframundo (en un nivel de interpretación, nuestra tierra).
Si aparece como fuente de todas las cosas es la Gran Madre asiática, la de los Mil Nombres y Atributos; también Mahadevi en el hinduísmo, la Mahamaya de los Puranas, la creadora, conservadora y destructora de los seres. De ella se originó el Espacio y es a la vez el Cuerpo de ese Espacio inmenso cuyo manto contiene a las estrellas y a los soles y cuya esencia los sostiene rítmicamente a través de los ciclos que la caracterizan. Cuna y sepulcro de las formas, su útero gesta y finalmente recoge a los seres vivos transformándolos en una nueva apariencia, en nueva expresión. De ahí el caldero celta Ceredwein, el de Dagdé, que portaba la tribu de la Diosa Dana en los ancestros irlandeses, a su llegada a la isla y el posterior Grial, y la copa receptora como símbolo de contención.
También representa el furor de la guerra. Llena de coraje e impulso alienta a los guerreros, su deseo les sostiene en el combate. Preside sus lides y les conduce a la victoria, en muchos casos a pesar de la muerte. Es voluntariosa como Isthar. Es impetuosa como Anat. Poderosa como Atenea.
Sus cuidados pueden resultar posesivos. El amparo de su regazo puede tornarse prisión. Su seguridad confortante y su protección sofocar el crecimiento. Su exaltación erótica convertirse en lascivia. Si ella alumbra y protege, puede también mostrar la fuerza de las sombras, tan terribles habitualmente para los humanos. Entonces es destructiva.

Puede manifestar su cólera y con ella los elementos se desencadenan, entonces su cuerpo se contrae, los vientos arrecian, las tierras se convulsionan, los volcanes vomitan su fuego. Súbitamente puede sacudir a sus criaturas y entonces los seres vegetales, animales y humanos se agitan y perecen en el Caos temible del remolino que Ella ha provocado.

Puede, suave o violenta, reclamar la corriente vital donada a las criaturas o destruir su forma aparente para recogerla en su seno porque es la Reina de Todos las Mares: ahora nos muestra la diosa su aspecto sombrío, no por fuerza maligna aunque aparezca como reina de los Infiernos, Señora de los Muertos o la Muerte misma, como Ereskingar
El Cosmos mismo tiembla ante el aspecto oscuro de la Diosa. Es cuando firme y terrorífica Kali, la Negra, baila frenética la danza de los mundos de forma complementaria e inversa a la de su consorte, el Danzarín celeste.
Es el otoño que camina hacia el invierno, la vida vivida, la luna menguante, la mujer sabia, la mujer chamán, curandera, tal vez bruja, sacerdotisa y maestra. Preside la segunda mitad de la vida, los años maduros, el declinar hacia la vejez y la vejez misma. Se personifica a través de todas las diosas oscuras. En las mujeres rige el periodo posterior a la ovulación que conduce a la menstruación.

2 comentarios:

  1. Me encanta la música y no conocía a este grupo, me lo apunto!!

    Muchas gracias :)

    Saludos.

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  2. Yo los descubri por casualidad, tampoco sabia de ellos. Fue un buen descubrimiento, porque la verdad es que me gustan sus letras y su musicas.
    saludos.

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