sábado, 15 de octubre de 2011

“¿Qué es un Shaman o Chamán?”



Aunque es la relación más antigua de la humanidad con el espíritu, el shamanismo es un conjunto de habilidades y prácticas acumuladas pacientemente y no una religión. No hay clero, iglesia, credo, misión o colección de creencias eclesiásticamente correctas. El tecnicismo de su planteamiento empírico hacia lo espiritual lo distingue de las facciones tanto legalista como liberal de la religión, liberándolo a la vez para poder brindarles apoyo y trabajar a su lado.
Tampoco es el místico necesariamente un shamán, aunque muchos shamanes entienden el misticismo. A diferencia de lo que los contemplativos llaman la “consciencia divina”, el éxtasis del shamán (de ekstasis: “ser colocado fuera”, “destacarse”; comparar el uso de Nietzsche del término frenesí) no busca la auto-exploración o la unión con Dios, sino la desviación de las fuerzas arcanas hacia labores concretas en el aquí y el ahora, como la curación, la terapia, el arte y la restauración de la armonía comunitaria. El shamán no es un santo sino un conducto, un embajador, un intermediario familiarizado con las polaridades internas, tanto luminosas como oscuras, que generan poder.



Temas que se repiten en las vidas del shamán auténtico:
Un sentido vitalicio de que uno es diferente; incapacidad de “encajar” completamente; una postura intuitiva o espiritual hacia la vida que se siente más intrínseca que aprendida.
Ser elegido por el llamado shamanístico en lugar de elegirlo. El llamado se manifiesta como un suceso que altera la vida, de intenso significado personal y espiritualidad; sentimientos adjuntos de culpa, éxtasis o falta de mérito; temer que uno está loco (peor en las culturas que no reconocen o autentifican al prometedor adepto); afirmaciones sincrónicas del llamado; enfermedad si el llamado no es atendido.
Temporada larga de enfermedad física o psicológica incurable por los métodos tradicionales: si el shamán potencial puede curarse a sí mismo metiéndose lo suficientemente dentro de sí mismo, ha pasado la verdadera iniciación, aunque después atraviese por otras menores.
O bien una historia familiar de iniciaciones shamanísticas (por ejemplo, una abuela que fue shamán), o referencias internas de sus ancestros (por ejemplo, una figura en sueños que declara: “a tu madre no le simpatizamos, así que ahora es tu turno”).
Recibir un nombre “verdadero” o espiritual de una figura (espíritu, guía, arquetipo, animal de poder) en un sueño o visión.
Entrenamiento en técnicas de alteración de consciencia bajo la conducción de guías tanto internos como externos.
Manifestaciones espontáneas de curación dentro de la comunidad, sean o no en la proximidad física inmediata del shamán; un obvio incremento de incidentes de buena fortuna que desaparecen cuando el shamán abandona el área.
Fácil reconocimiento de sucesos sincrónicos (usualmente considerados como señales o augurios).
Los tatuajes, perforamientos, escarificación u otras clases de marcado pueden significar una importante lección de vida, curación o iniciación



Craig Chalquist

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