jueves, 3 de febrero de 2011

Las Puertas de la Percepcion - Ayahuasca - Parte 4 de 6




En el contexto del chamanismo de sanación que se practica en el área del Amazonas, el hilo conductor de cada toma es el aspecto terapéutico. Según relata Germán Zuluaga:
El yagué, el remedio, desde el principio, obra haciendo curación; en efecto, la sustancia recorre el organismo y detecta las dolencias físicas, escudriña el corazón y las emociones, la mente y los pensamientos, el espíritu y el estado de gracia y en este recorrido va detectando los problemas a manera de diagnóstico, seguido y a veces al mismo tiempo de un efecto de limpieza, de depuración, de purificación y de purga, manifestada orgánicamente por el vómito y la diarrea y a nivel mental y emocional, por una catarsis que se acompaña de una aceptación de la enfermedad. Tal vez el primero y más importante efecto del yagué es conseguir que el paciente adquiera conciencia de enfermedad. En este proceso, y sobre todo al final, aparece en medio del trance lo que podríamos llamar el principio del tratamiento: una claridad de pensamiento en el enfermo que le permite entender su problema y también programar cambios de actitud en su vida, con miras a la obtención de la salud o el bienestar que buscaba cuando se propuso participar en la sesión. (50)
En el contexto de la investigación científica practicada por mentalidades occidentales, las cosas se perciben de una manera bastante distinta. Por ejemplo, en sus investigaciones, Schultes y Hofmann reportan:
Sin aditivos, la intoxicación con ayahuasca puede ser agradable, produce visiones luminosas con los ojos cerrados después de un periodo de vértigo, nerviosismo, profusa transpiración y algunas veces náusea. Durante una etapa de lasitud se inicia el juego de colores; al principio blanco; después un azul difuso ahumado que poco a poco aumenta en intensidad; finalmente hay quien duerme, aunque interrumpido por sueños y fiebre.
El efecto más violento y frecuente después de la intoxicación es una fuerte diarrea. Con el aditivo de triptaminas, muchos de estos efectos se intensifican; aparecen además, palpitaciones, convulsiones, midriasis y taquicardia. Una muestra de temor o agresividad suele anunciar estados avanzados de intoxicación. (40)
Ferrán un amigo mío que entrevisté acerca de sus experiencias al tomar ayahuasca en el contexto de un grupo urbano de autodescubrimiento, me relató lo siguiente:
En mi primera experiencia... Aprendí muchísimas cosas, me vi desde un estado muy ampliado de conciencia y aprendí muchísimo de mí, de la vida, de las relaciones, de mi propia constitución, de quién soy yo, etc. Además fue curioso porque fue una experiencia maravillosa a varios niveles, tanto físico, energético, psíquico como espiritual... Por ejemplo, me di cuenta de que la música era lo máximo que había alcanzado a vislumbrar como manifestación divina. Vi que la música está viva, vi que era una manifestación suprema de todo, cada nota era viva, tenía color, me llegaba al corazón, lloraba, lloraba de pura belleza. Era algo increíble... fue maravilloso, fue SER YO en mayúsculas; todo son palabras ¿no? pero yo también voy a utilizar las mías, estaba dándome cuenta de que frente de mí estaban todas mis subpersonalidades: estaba el Ferrán que duda, el Ferrán orgulloso, el Ferrán que pregunta, el Ferrán violento... decenas, eran formas de energía que hablaban a la vez, y hablaban entre ellas. También había un viejecito de barba blanca, y yo sabía en aquel momento que todo esto no era yo, pero que formaba parte de mí, eran mis hijos, mis herramientas, mis herramientas de actuación en esta vida. Y entonces en lugar de sentir un lastre terrible o un asco terrible por esto, sentí un profundo cariño, afecto y amor, porque pensé: 'Estos son mis hijos'. Entonces es como si vieras a cada uno de tus hijos como al hijo pequeñito, tanto que dice 'Mira papá hoy he saltado dos metros', por ejemplo, en plan orgulloso. Decía cosas así y yo me decía 'Ay si hijo mío, sí dos metros fíjate' Y a todos a la par les pasaba todo esto y luego estaba el viejecito que posteriormente relacioné con el arquetipo del anciano sabio, que estaba muy cerca de mí y mirando también el panorama. Y al mismo tiempo me venían ráfagas de verdades, por ejemplo, a mí lo que me apasiona, lo que siempre me ha apasionado, es la filosofía, la metafísica, y eso venía, esa inteligencia que está al alcance de todos, se me manifestaba, y yo captaba pequeñas verdades, cosa que me alegraba y decía 'Sí, sí', entonces al decir este sí, lo veía todo con mucha más ecuanimidad. El Ferrán resabiado saltaba, y decía '¡He, ¿ves? eso ya lo decía yo!'. Y yo, el abuelete que estaba ahí, movía la cabeza asintiendo y lo hacía, lo hacíamos, con cariño. Y eso fue maravilloso porque aparte de experiencias místicas "muy elevadas", que puedas tener, éstas son herramientas que te sirven en la vida cotidiana... saber eso de manera fehaciente, real, científica, pues no significa que lo hayas entendido totalmente, que lo hayas superado, que ya lo hayas trascendido, pero sí que te da las herramientas para irlo trabajando cada día, que es de lo que se trata... En mi propia experimentación cotidiana, he comprendido que el conocimiento no es una cuestión de añadir sabiduría, ni de añadir nada, la realidad está en ir quitando cosas, cuánto más vacío estás, más se llega a la mano de Dios. Y ya no quiero utilizar palabras porque cada uno tiene sus propios conceptos ¿no? Llámale eso que también forma parte de ti, que se manifiesta. Entonces lo que de alguna manera pretendo ahora, es vaciarme. (Consultar la entrevista completa con Ferrán)
Un consumidor anónimo que ingirió una decocción hecha con 3 cucharadas de una mezcla de B. caapi con P. viridia en su casa, en la ciudad y sin la guía de nadie, compartió su azoro a las páginas electrónicas de The Lycaeum:
Vi muchas líneas y manchas en colores fosforescentes moviéndose por todas partes. Un mantel blanco estaba lleno de líneas de colores cintilantes. Tuve la sensación de animales de jungla, se sentía como la piel de un jaguar. Mis manos estaban pulsando con un aura verde, pude ver un árbol vascular pulsando verde en mis manos, un aura emanando de ellas. Entonces me di cuenta de que mis manos eran como la esencia de la humanidad, desnudas desde el principio. Estaba realmente asombrado de ver la energía que emanaba de las manos, me pregunté cómo sería posible canalizarla hacia la curación. Más tarde vi una criatura similar a una boa mientras miraba la pared. Era como un fantasma, como un holograma, se movía lentamente. Todo esto ocurrió con las luces apagadas. Experimenté algo de náuseas y estuve acelerado unos días. ¿Alguien ha experimentado este fenómeno energético? ¿Alguien lo ha usado para curar? ¿O fue sólo una ilusión?


http://www.mind-surf.net/drogas/ayahuasca.htm

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