viernes, 4 de febrero de 2011

El Tao



Las fuentes de la doctrina taoísta son muy remotas, se cree que tienen su origen en las culturas más antiguas de China formadas por campesinos, cuyo pensamiento fue muy singular al crear este principio de orden universal e impersonal, el Tao. El Tao, considera a la existencia como un océano de pureza, sin límites de espacio y tiempo, sobre el que juegan miríadas de ilusiones por medio de la acción recíproca de los contrarios, los cuales son de naturaleza yin y yang.
Con el transcurso del tiempo, se fueron produciendo elaboraciones de diversa índole, sociales, metafísicas, políticas, morales que fueron estructurando el pensamiento chino, que está representado muy especialmente por Lao Tsé y Confucio.
Hsu-Ti-Shan, publicó una tabla que explica cómo los brujos y sabios que rodeaban al rey realizaban investigaciones con el objeto de confeccionar un calendario que debía asegurar la correspondencia armónica, entre el ciclo de las estaciones y el ciclo de la vida social y agrícola. Señala que el origen de la doctrina taoísta está en la de los “brujos” y el I Ching, tratado metafísico y cosmogónico, que sirvió como oráculo imperial, muy importante y base para la filosofía que nos legó Lao Tsé, que incluye la escuela de los números, la doctrina de las artes mágicas, de los adivinos, de los astrónomos y astrólogos, la del Tao Tö, y las escuelas de Mo Tzú, la medicina e higiene sexual, la escuela del calendario, la del yin y yang, la doctrina de los cinco elementos y la de la inmortalidad.
Las dos vertientes principales relacionadas con el origen del taoísmo, son: primero, la que la considera originada como un desarrollo del primer animismo y de las prácticas mágicas, esta teoría se apoya en la leyenda del Emperador Amarillo que vivió más o menos en año 3000 aC. La otra, se refiere al taoísmo clásico, que empezó con Lao Tzé, el cual vivió aproximadamente el siglo 600 o 700 aC. Nos legó el Tao Te King, la obra suprema del taoísmo.
Las dos vertientes se conocieron como escuela de Huang Lao.
La obra de Lao Tsé se expresa en aforismos. Las otras, reconocidas también como representantes de la corriente clásica, son el Chuag Zú y el Lie-Zi, cuyos autores, que tienen el mismo nombre de sus obras, se expresan en relatos alegóricos y apológicos.
El taoísmo tradicional es más cosmológico que teológico, la religión, cosmología y filosofía se encuentran estrechamente relacionadas. Se desprecia la moral cínica, la ética convencional y la sofisticación, se repudia la magia y el ritual carente de sentido. Es la filosofía del ritmo de la vida, la simplicidad de la mente y del espíritu, trata de toda la Naturaleza y del puesto que el Hombre tiene en ella. Es el arte de vivir y de las relaciones.
El taoísmo actual se remonta a unas fuentes muy distintas a las del Tao Te King. No es más que la religión popular animista antigua, algo sistematizada y mezclada con doctrinas hindúes. En oriente, el animismo se considera algo útil para dominar a las masas, en occidente, es una superstición. Hubo taoístas que conjuraron espíritus, realizaron trucos mágicos, se inventó el “elixir” de la vida, también se introdujo la dignidad del papado taoísta con el título de Tien Shi (Maestro Celeste), dignidad que se trasmitía por herencia en la familia Dchang, por metempsicosis, (que se perdió con la llegada de los comunistas). Estos puntos de vista no tienen nada que ver con Lao Tzé su doctrina y sus seguidores.
El lugar de la noción de Ser Supremo de las religiones occidentales, está ocupado en Asia Oriental por la noción de Estado Supremo del Ser. No es más que una ilusión engañosa lo que separa a todos los seres de esta perfección impersonal.
Todos están vinculados a la ley de la impermanencia, dioses, demonios, igual que los hombres. En el concepto taoísta del Último, se mezclan la filosofía profunda, la aspiración espiritual, la poesía de la Naturaleza y la veneración indiferenciada de lo sacro en todos los seres y cosas, sin distinción.
El Tao es eterno e incognoscible. Como vacío indiferenciado, Tai Hsü, como no vacío es el que contiene, el que sustenta y en cierto sentido el mismo ser de las miríadas de objetos, es Ser y no Ser. Como objeto de la existencia es el Camino, la Vida, el Cielo, la Tierra, el Hombre. Aunque no es consciente de actividad, ni tiene proyectos, ni busca premios ni alabanzas, sin embargo, realiza todas las cosas hasta la perfección. Como el agua, conquista su camino con blandura.
Lao Tzé dice que Tao no es sino una palabra útil para nombrar al Innominado. Nada puede decirse de Él que no menoscabe su plenitud. Es la Ultima Causa. Tai chi, la mónada, la razón principal del cosmos; es también Tia I, el Gran Cambiador. Visto por el hombre, con su visión limitada, es también el Tien, el Cielo la fuente de la regularidad y el gobierno. Para un taoísta, nada está separado del Tao.
El Tao Te King dice: ” El universo tiene una causa anterior que puede llamarse Madre. Conoce a la Madre para que puedas conocer al Hijo, conoce al Hijo para que puedas entender a la Madre,” lo que quiere decir, es que el mundo de la forma no se entiende si no se conoce el Vacío, ni el Vacío se penetraría sin conocer el mundo de la forma. Se trata de dos aspectos del Uno.
La concepción taoísta del mundo supone que cada cosa o acontecimiento es lo que es, sólo en relación con las demás. La tierra y las más minúsculas partículas que habitan en ella, están inevitablemente “en concordancia”, con el sol, la luna y las estrellas. Recíprocamente, el sol no iluminaría si no hubiera ojos, y el universo no “existiría” si no hubiera consciencia y viceversa. Éste es el principio del “surgimiento mutuo”. El principio sostiene que si se deja que todas las cosas sigan su curso, la armonía del universo quedaría establecida, ya que cada proceso del mundo puede “realizarse”, sólo en relación con todos los otros. Así, el modo particular de cada cosa, es el modo “particular e inédito” del universo. Debido a su interdependencia mutua, todos los seres armonizarían si se les respeta y no se los fuerza a la conformidad con ninguna noción de orden arbitraria, artificial o abstracta.
El Tao es Wu-Tsé, (no ley), pero posee un orden que puede ser reconocido, pero no puede ser definido porque tiene demasiadas dimensiones y variables.
En su visión política, compara al estado con una maquinaria en que las ruedas hacen juego unas con otras. En los gobernados residen los conocimientos técnicos y en los gobernantes, el poder. La armonía social resulta de la perfecta fusión de ambos elementos. El papel de los gobernantes es servir a los gobernados.
El taoísmo, desde el punto de vista psicológico, se presenta como un pensamiento introvertido, donde los factores inconscientes, desempeñan un importantísimo papel en toda su literatura y diversas manifestaciones artísticas.
Si consideramos al taoísmo una religión, se tendría que clasificar entre las religiones del orden eterno del mundo, que en este caso se llama Tao. El hecho de que en algún momento haya tomado la forma de religión, (monjes y ritos), no proviene de su naturaleza propia. El taoísmo es esencialmente una metafísica y un modo de vida en su aspecto más elevado, oscilaciones posteriores entre la magia, la alquimia, la metafísica, no le quitaron nunca su carácter esotérico. Tuvo siempre prestigio por los conocimientos secretos que prevalecieron en la antigua aristocracia china.
Se debe al taoísmo la creación de la alquimia, de la medicina tradicional china y de algunas prácticas de adivinación.
La idea original de longevidad, se encuentra relacionada con el armónico desarrollo del “alma embrionaria”, que supone un equilibrio constante entre el cuerpo y las diferentes almas, evitando que una de las facultades se desarrolle en exceso.
La longevidad taoísta, así como la concepción de los “inmortales,” no fue nunca en los círculos taoístas ilustrados, sino el símbolo de una integración del ser humano con la emanación del principio trascendente que reside en él. Así deben entenderse las grandes obras taoístas de Lao Tzé, Chuang Tzú y Lie Tzi.
El taoísmo debe comprenderse como un naturalismo, puesto que en él el hombre y la divinidad son concebidos a imagen de la Naturaleza. No es una revelación de un ser divino que desea predicar una verdad, sino doctrinas dictadas por sabios, los cuales parten del supuesto de que la Humanidad, por lo regular, por su propia responsabilidad, es incapaz de encaminarse por las vías del bien. Por eso se resuelven a buscar para sí mismos y para sus semejantes una posibilidad de mejoramiento y un medio de liberación. Medio de liberación, que no puede ser otro que una ciencia: la ciencia del alma humana y de la real naturaleza de este mundo y de las causas que provocan el dolor y la infelicidad.
El fin del hombre es un estado de realización espiritual, que sólo se puede conseguir, cuando la ciencia que se ha logrado, llegue a trocarse en forma de vida.
La felicidad no es una gracia divina, ni el favor de un dios aplacado por plegarias, sino obra exclusiva del hombre, por su propia voluntad que, a través del esfuerzo, se redime.
El pensamiento chino aflora a través de su lengua, los ideogramas subordinan la significación abstracta al signo concreto. Su pronunciación monosilábica, polifónica y modulada, que lleva consigo ritmos y rimas, da lirismo al lenguaje hablado, poesía a la prosa y música a la poesía. Al disponer de estos ricos elementos plásticos y musicales, tiende a ser preferentemente un conjunto armonioso de cualidades sensoriales, más que un instrumento de expresión precisa y de razonamiento riguroso.
El alma china rechaza naturalmente toda actividad puramente intelectual que puede distinguir las cosas unas de otras y oponerlas entre sí, sin agruparlas. Esto posee una “lógica concreta” que convierte los términos antitéticos, en elementos- yin y yang- de una pareja armoniosa.
Une lo inteligible a lo sensible, lo intelectual a lo afectivo y el pensamiento abstracto a la vida concreta.

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