viernes, 11 de febrero de 2011

¿Convertirse en chamán o nacer?


Convertirse en chamán o nacer?
La mayoría de chamanes se convierten en ello de manera voluntaria, aunque hay quien dice que lo es involuntariamente, porque ha sido poseído por un espíritu. Muchos de los que dicen serlo involuntariamente sufren enfermedades mentales. De hecho, una de las formas de acceder al chamanismo, según Mircea Eliade es haber superado una enfermedad; a continuación señala como otro factor determinante, el pertenecer a una familia de chamanes; junto a las anteriores, deben incluirse también otro tipo de llamadas, que se atribuyen genéricamente a los “espíritus”. Son señales, con valor profundo para un individuo concreto. Muchas veces esta llamada es sentida viniendo “desde arriba”.

Esta llamada puede percibirse a través de los sueños, de sucesos extraordinarios o en medio de problemas individuales o grupales que precisan una solución radical. En el mundo del chamán los cielos y las montañas representan al mundo superior, más intelectual y espiritual. Lo que hay bajo el agua o bajo la tierra representa al mundo inferior, más físico. La montaña representa un lugar especial. En ella por analogía en contacto con lo superior en su estado mas original, allí se pueden alcanzar visiones, conectar con realidades benéficas, conocerse mejor a sí mismo o encontrar remedios para distintos problemas.
El joven indio americano que aspira a ser chamán escogerá un lugar aislado para retirarse, generalmente al borde de un precipicio o el interior de una cueva. Allí ayunará, meditará y se inflingirá dolores por medio de flagelaciones. Finalmente, el hambre, el dolor, la concentración intensa y el aislamiento social se combinarán para hacerlo entrar en trance. Entonces se le aparecerá un animal-espíritu, normalmente el que su sociedad le ha alentado a buscar, el cual se convertirá en su acompañante a lo largo de toda su vida, invistiéndole de su poder sobrenatural. Los trances siguientes serán más fáciles de alcanzar.
Entre los inuit (esquimales) es el chamán quien escoge a cinco o seis jóvenes entre 6 y 8 años en los que ve aptitudes. El viejo chamán busca un lugar alejado y secreto donde enseñar a sus discípulos. Después aísla a los niños en lugares alejados, cercad de una tumba o de un lago, y allí frota dos piedras una contra otra, sin cesar. Las privaciones prolongadas, el aislamiento y el movimiento rítmico de las piedras provocan el trance en el niño, al que se le aparece el gran oso-espíritu.
Muchos buscan en el nacimiento del niño un signo que delata su predestinación como chamán, el signum diavoli como se llamaba en la Edad Media, puede ser muy diverso y no necesariamente patológico, sino algo que haga distinto al individuo de los demás del grupo. El chamán puede ser por nacimiento, congénito, por vocación, por revelación, por posesión de un espíritu, por herencia. Para ser chamán congénito, por nacimiento, la tribu o los especialistas del grupo que atienden el parto, encuentran en el niño o niña desde que nace, algo distinto, algo que les diferencia de los demás, puede nacer con un icterus neonatorum, o con un naevus pigmentario, o las membranas secundinas sobre la cara, la "camisa" o saco amniótico, o nace de pie, o da un grito intrauterino (barrito). El que nace con algunos de estos signos es considerado chamán de nacimiento, porque trae señales de su poder. Es un chamán de nacimiento pero no basta aunque tenga la fuerza, el poder infuso. Hay que entrenarlos desde su infancia a las órdenes de otro chamán adulto y experto, para que llegue a desempeñar el puesto a que por nacimiento ha venido al mundo, entrenamiento que es duro y va acompañado de múltiples rituales y ceremonias hasta que es confirmado en su cargo y se le acepta como tal chamán, reconocido por el grupo.

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