viernes, 4 de febrero de 2011

Aisha Kandisha


Aisha Kandisha” es la metamorfosis de un mito tradicional judeo-bereber del sur marroquí, en el que Lilit, la antecesora de Eva, la habían transformado en el norte en “Aisha Kandisha.


Ella es una chinniyya, un genio femenino muy conocido
e invocado, que habita junto a los ríos o junto al mar, y que es descrito de diversas
maneras: con cara hermosa, con patas de cabra o de asno, con grandes pechos colgantes,
y plena de una libidinosidad que le empuja a seducir a los hombres jóvenes, aumque tambien posee a las mujeres.


En ciertos sitios cercanos a rios, es costumbre dejar comida cerca de el, pues se cree que la Aisha habita en el, y si no le dan comida puede tomar venganza ahogando a algun niño.

En todo caso, el ataque o la posesión de los
chinn es producto de un error o una falta cometidos por el paciente. Normalmente,
una terapia pasa por la identificación del chinn que ha provocado la enfermedad, ya
que, como he dicho, se trata de criaturas individuales, con nombres y características
propios. Los Hamadsha son requeridos cuando el chinn implicado en la enfermedad
es , ’A’isa Qandisa.

’A’isa Qandisa desempeña un papel fundamental en las leyendas hagiográficas de Sidi
’Ali b. Hamdus y en todo el ritual de la cofradía. En realidad, éste no siempre es exactamente
un exorcismo, porque, aunque a veces se consigue efectivamente la expulsión
del chinn, lo que se busca normalmente es apaciguar su ira, de forma que al final del
proceso se logra una relación simbiótica en la que el chinn colabora con el paciente,
siempre y cuando éste no vuelva a cometer otro error que produzca su irritación.
Los rituales de los Hamadsha son de distintos tipos: existe una peregrinación
periódica a la tumba de los santos fundadores, con rituales parecidos a los de otras
tantas peregrinaciones que se producen en Marruecos

Se realizan, además, con
mucha más frecuencia, otro tipo de sesiones donde tienen lugar más propiamente las
curaciones. El carácter de estas sesiones, en las que los participantes entran en trance
al ritmo (fundamental) de la música, y se producen a sí mismo heridas y mutilaciones,
es sumamente espectacular y dramático, como sentían los etnógrafos y observadores
coloniales al contemplarlas con horror y fascinación al mismo tiempo. Tomás
García Figueras, por ejemplo, hablaba de los rituales de los Hamadsha y de los Isawa
(otra cofradía marroquí) como de «prácticas absurdas y desconcertantes [...] que a
los europeos, y a las personas civilizadas en general, no les está permitido, por fortuna,
comprender

En su manipulación de los roles sexuales, el ritual de
los Hamadsha define la enfermedad en términos de feminización (una feminización
que impide al enfermo desempeñar sus funciones sociales en tanto que hombre), y la
curación en términos de masculinización. Al final del proceso, el paciente logra apaciguar
a la yinniyya ’A’isa Qandisa, que simboliza de forma amplia «lo femenino»,
que puede ser al cabo controlado y dominado para completar la propia virilidad




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